Historias de exalumnos:
Programa Militar

מיה מינזבורג
Mia Mintzburg (Foto: Edward Kaprov)

Mia Mintzburg (20 años) es comandante de la FDI y también instructora en el Campamento Ariel Sharon. Nació en Israel y vive en Ashdod. Mia se graduó el Programa Militar de Nativ. El abuelo de Mía, un activista judío en Rumanía vio a muchos de sus amigos migrando a Israel en la década de 1970. Solo unió a ellos en 1993, cuando junto a la abuela y la mamá de Mia hicieron aliá. Su nuevo hogar fue en Haifa.

¿Creció también en ese tipo de ambiente?
«No, fue diferente en mi caso. Mi papá es rumano, él llegó a Israel a mediados de la década de los noventa para trabajar y ganar dinero. Ahí conoció a mi mamá, se enamoraron y se casaron. Cuando yo tenía tres años, nos mudamos de Haifa a Ashdod, aún más lejos de la familia de mi madre. En nuestra casa no observábamos ningún tipo de tradición judía, y yo sabía que no se me consideraba judía según la ley religiosa».

¿Le molestaba eso?
«En mi niñez, no. Yo solo acepté que así eran las cosas. Mi padre y yo viajamos a Rumanía varias veces y pude conocer a su familia. mi padre tiene siete hermanos, así que tengo varias tías, tíos y primos. Pero como adolescente, de repente comencé a sentir algo extraño. Después del período del Pésaj, por ejemplo, escuchaba a mis amigos hablar acerca del séder que tuvieron, de la lectura de la hagadá, el intercambio de sus experiencias. Todo esto me conectó a las historias de mi familia acerca de mis abuelos y de sus celebraciones casi subterráneas en la Unión Soviética. Sentí que era algo diferente para mí, que de algún modo yo no pertenecía al mundo del judaísmo».

¿Supo que usted podía convertirse?
«Ni siquiera pensé sobre esto en ese entonces. Comencé a considerarlo seriamente en el ejército, cuando tuve la invitación para asistir a un curso de Nativ. Antes de alistarme, no había escuchado nada de eso. Lo de la invitación, no estaba segura de qué se trataba, así que fui a la red en línea, comencé a investigar y me ahondé un poco en el tema. Encontré el sitio web de Nativ, leí las historias de las personas que se habían convertido y vi todos los videos. Fue interesante. Todos decían cosas buenas acerca del curso. Comencé a preguntarle a mis amigos en el ejército, en caso de que ellos hubieran escuchado algo. Así fue como conocí a una soldado que había participado en el curso y ella también tenía un opinión muy positiva sobre el punto. Todo esto me dejó tranquila. Decidí tomar el curso la primera oportunidad que tuve».

Debido a su trabajo, a Mia le llevó un tiempo para tener esa oportunidad. «Soy comandante e instructora en el Campamento Ariel Sharon», explica ella. «Es un cargo interesante con muchas responsabilidades. Mi unidad pertenece al Cuerpo de Tecnología y Mantenimiento y capacito a la gente en los varios puestos de apoyo táctico. Por ejemplo, cómo reparar los dispositivos de visión nocturna, los binoculares y miras telescópicas. Después, los soldados regresan a sus unidades regulares, pero algunos se mantienen en contacto con nosotros. Es un sentimiento grandioso y especial porque el curso no solo se trata de enseñar sino que también de ayudar a los soldados con todo tipo de problemas. Por lo general ellos aprecian esta actitud, se abren y comparten sus asuntos con nosotros. Esta función de verdad que reforzó mi confianza. No fue fácil decir adiós y no fue fácil remplazarme para mis superiores, pero yo tenía la determinación de tomar el curso. Pasó un año después que me había alistado en el ejército».

Después de todo lo bueno que escuchó, ¿fue así de verdad en la realidad?
«Era cierto en la publicidad, como dicen. Mirando en retrospectiva, es claro que pasar el curso de Nativ era más importante que permanecer en mi trabajo. Me alegra mucho el haber aprendido bastante sobre la tradición, la historia de Israel y el pensamiento judío. Me perdí de muchas cosas y siento que ahora lo he compensado. El ambiente en la clase fue excelente y todos los maestros y comandantes fueron magníficos. Permiten que todos se expresen y sean originales, siempre fueron muy atentos y empáticos. A partir de mi experiencia personal, sé lo desafiante que puede ser. Los comandantes también nos unían como equipo y lográbamos crear lazos de amistad más rápido».

¿Continuó asistiendo a los seminarios después del curso?
«Sí, decidí completar todo el proceso. Yo sabía que el ambiente de los seminarios sería diferente de la del curso, pero yo estaba determinada. De verdad que yo quería participar. Hace cinco años comencé a ayunar para Yom Kipur y sentí algo muy grandioso. Quiero continuar aprendiendo nuevas cosas, todo relacionado con la vida diaria, las oraciones y los ritos. Quizás así es como la historia de mi familia regresa a su origen».

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