Historias de exalumnos:
Programa Militar

דניאל רכטר
Daniel Rechter (Foto: Edward Kaprov)

Daniel Rechter (20 años) presta servicio en la Brigada Regional Efraín de la FDI. Nació y vive en Petah Tikva, y ahora está estudiando en el Programa Militar de Nativ.

En mayo de 2018, Daniel Rechter recibió una orden que cambiaría su vida. Daniel, quien es comandante en la unidad de conductores de la Brigada Regional Efraín, se le ordenó que condujera un camión de gasolina a una villa palestina en Samaria y rescatar a un vehículo militar que se había malogrado durante las operaciones rutinarias. Cuando Daniel llegó a su destino, una multitud de palestinos bloquearon su camino. «Me encontraba sentado ahí en la cabina del conductor y no tenía forma de salir», recuerda. «Me comenzaron a tirar piedras y bloques, trataron de destruir la protección del parabrisas y, al final, le metieron fuego al camión. Realmente no fue una situación buena. Podía sentir el calor que se acrecentaba a mi alrededor».

¿Como salió de ahí?
Los primeros en ayudarme fueron unos bomberos palestinos, que había comenzado a apagar el fuego. Ahí es cuando me di cuenta qué complicado era todo: unos palestinos tratando de matarme y otros palestinos tratando de salvarme. Luego, llegaron los bomberos israelíes. Finalmente, un camión de remolque militar jaló el camión y me evacuaron en ambulancia. Esto me dejó muy impactado y me llevó tiempo en recuperarme. La Brigada me dio licencia de mi trabajo y fue entonces cuando comencé a pensar seriamente acerca de la conversión».

¿Por qué pensó en eso?
«Después de todo lo que me tocó pasar, sentí la necesidad de tener más conexión con Israel. Por supuesto que yo nací aquí, fui a la escuela aquí, crecí aquí, y me enlisté en la FDI y mi vida corrió riesgo por el país, pero había algo que aún faltaba. Me di cuenta qué era. A decir verdad, me hubiese gustado comenzar el programa Nativ antes, pero la Brigada me pedía siempre que esperara porque era difícil encontrar un remplazo para mi puesto y yo tampoco fui lo bastante insistente con ellos. Quizás no estaba comprometido al cien por ciento. Pero esta vez decidí que no me dejaría disuadir».

¿Cómo fue su experiencia con el programa?
«Fascinante. Descubrí un mundo completamente nuevo. Yo solía pensar que todas las gentes religiosas eran ultraortodoxas, no tenía idea qué significaba en realidad ser religioso. Crecí en una familia de inmigrantes, mi padre es judío y mi madre es ucraniana. Vinieron de Leópolis, Ucrania, unos pocos años antes de que yo naciera, y ninguno de ellos se siente conectado en realidad con alguna tradición. Aunque teníamos kidush los viernes de noche en la casa de mi abuela, era más bien como un «kidush ruso», encendíamos las velas y nos sentábamos para comer. Fui a una escuela regular en Petah Tikva con otros niños israelíes de familias seculares. Por cierto, en ese tiempo me enfrenté a la discriminación, me hacían burla porque era rubio y tenía los ojos verdes. No fue hasta la escuela secundaria cuando, ya éramos más grandes, que dejaron de molestarme. Resulta que ser rubio era muchísimo mejor que ser un peleonero».

Daniel aprendió muchísimo sobre el judaísmo en el programa Nativ.
«Descubrí que la verdadera fe no se trata necesariamente de cómo uno se viste u otras cosas externas», dice David. «Aprendí los valores importantes que son los pilares de la religión. Entendí cuán diverso y flexible el judaísmo puede ser. Aprendí lo que significa observar el sábado. Nunca pensé que esto de verdad sería fascinante, pero todo se cambió totalmente después que pasé un Shabbat en un kibutz con una familia anfitriona. Fue un ambiente tan especial. Libre de todas las actividades de un día normal, libre de pantallas y teléfonos. Sentí una inmensa calma. Estaba comenzando de verdad a recuperar de lo que había pasado».

¿Por qué vaciló?
«Porque no era una decisión fácil. Una cosa es aprender y otra es poner lo aprendido en práctica. Pero sentí que esto era lo que de verdad quería hacer. Así es como veo mi vida».

¿Qué planea hacer después de estar en el ejército?
«Bueno, por el momento firmé un contrato de cuatro meses con la FDI, así que veremos qué sucederá después. Me gusta mi trabajo. Me sentí feliz de regresar a mi puesto después de mi licencia. Conlleva mucha responsabilidad. La Brigada tiene alrededor de 80 conductores y deben obtener mi permiso antes que vayan a misión. Yo verifico su estado de alerta y la condición técnica de los vehículos. Todo esto es vital porque los conductores a menudo van en terreno para capturar un terrorista o para otras actividades operacionales. Les explico cómo esquivar las piedras que le lanzan a uno o qué hacer en caso de si alguien le tira un refrigerador desde el tercer piso, por ejemplo. Cada vehículo tiene que estar en condiciones óptimas y debidamente equipado. Me encantan los autos, era mi pasatiempo antes del ejército que hasta armé mi propio auto de carrera».

¿Cómo lo hizo?
«Mi padre vende autos. Siempre anda metiendo mano a los autos y aprendí bastante de él. Una vez él compró un viejo Ford Focus 4×4. Yo había leído cómo uno lo puede transformar en un auto de carrera y mi padre también me explicó algunos detalles. Al principio parecía algo bastante difícil, pero conseguí armarlo. Incluso con mi Ford participé en algunas carreras. Quizás, después del ejército regrese a eso».

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