La familia anfitriona:
conecta, crea vínculos, vive

משפחת גלאוזנר
La familia Glazner (Foto: Edward Kaprov)

Los Glazner son Anat y Hagai, y sus hijos Assaf, Shahar, Dror y Noam. Ellos viven en Netanya y han sido una familia anfitriona para los estudiantes Nativ que se preparan para la conversión.

Anat y Hagai son un matrimonio con más de 30 años de casados. Se conocieron cuando tenían 15 años, cuando ambos eran instructores para la misma tropa del movimiento juvenil Bnei Akiva, y desde entonces nunca se han separado. Ahora tienen cuatro hijos, «y cada uno de ellos vive en su propio pequeño mundo», dice Anat. «Uno está en la universidad. El segundo está siguiendo una carrera en el ejército. El tercero está en la Yeshivá superior, y el cuarto aún sigue en la Yeshivá secundaria. Cada uno de ellos es un modelo a seguir, son muy especiales. Cuando todos estamos juntos alrededor de la mesa para la cena del Shabbat, nunca es aburrido. Los chicos ya están grandes y tienen sus propias opiniones».

Anat es contadora de profesión y trabaja para la Fiscalía. Hagai es el vicepresidente de desarrollo en Tadiran Telecom. Cuando sus hijos eran pequeños, contrataron a una niñera para que les ayudara, y se mantienen en contacto con ella hasta el día de hoy. «Así es como vivimos», explica Anat. «Nos mantenemos en contacto con la gente». De hecho, es por esto que también se convirtieron en una familia anfitriona de Nativ.

«Hace tres años», dice Anat, «tuve una peluquera que era inmigrante cristiana de Moldavia y estaba casada con un judío. La hija de ellos, una niña adorable llamada Alex, iba a la escuela en Netanya. Cuando ella cumplió 12 años, y todas las otras niñas de su clase celebraban el bat mitzvah, a ella le entró curiosidad acerca de su herencia judía. Ella encendía las velas de Shabbat y preguntaba acerca del tema de la conversión, su madre le dijo que ella podía convertirse cuando cumpliera 18 años. Después que Alex se alistó en la FDI, se inscribió en el Programa Militar de Nativ, y nosotros nos convertimos en su familia anfitriona».

¿Y para ustedes fue fácil asumir este rol?
«No fue ningún problema. Interesante, Alex pensó primero que nosotros no podríamos ser su familia anfitriona porque nosotros no éramos lo suficientemente religiosos. Ella pensaba que solo las personas ultraortodoxas de Mea Shearim son verdaderamente religiosos, por ejemplo, yo no uso el pañuelo en la cabeza. Ella no sabía eso de la comunidad religiosa nacional, que en sí son religiosos en todos los aspectos. Tanto mi esposo como yo venimos de ese entorno, con familias en el movimiento Hapoel HaMizrachi».

¿Ella estaba feliz cuando, después de todo, ustedes pudieron apoyarla?
«Claro que sí. Nos allegamos más y la recibimos bastante como nuestra huésped. Para entonces, ella ya tenía novio, un chico israelí. Ambos venían para compartir nuestra cena del Shabbat. Su novio provenía de una familia secular y todo el proceso lo inspiró a comenzar a ponerse la filacteria y también a ir a la sinagoga. Alex aprobó con éxito su prueba ante el tribunal rabínico de conversión. Fuimos con ella a la audiencia en Jerusalén. Cuando el rabí le preguntó por qué ella quería ser judía, su respuesta fue: – Quiero tener una familia como la de mi familia anfitriona. Así es como quiero criar a mis hijos, así es como quiero que la mesa del Shabat se vea. Fue bastante emotivo».
«El nombre de ella ahora es Elia, y siempre estamos en contacto con ella. Celebramos Rosh Hashaná y Sucot juntos, encendimos la velas juntos en Jánuca. No solo nuestros hijos sino que todos nuestros parientes conocen a ella y a su novio. En realidad, han llegado a ser parte de la familia. Pronto se van a casar».

¿Entonces de ser una familia anfitriona se volvieron en una familia adoptiva?
«No exactamente. Elia todavía tiene a sus padres que la apoyaron totalmente en su conversión. Nosotros no los estamos remplazando. Pero, como es natural, nos gusta mantener el contacto aún después que supuestamente la meta se haya logrado y se complete el proceso de conversión. Es por eso que no apoyamos a muchos durante el proceso. No solo se trata de otro plato en la mesa, es más que eso. Es una conexión emocional real».

«Como es natural, nos gusta mantener el contacto aún después que la meta se haya logrado».
Hasta ahora, los Glazner han apoyado a dos conversos. «Después que Elia pasó en el tribunal rabínico de conversión, Nativ nos llamó y nos pidió que tuviéramos a otro estudiante», cuenta Anat. «Él buscaba con urgencia una nueva familia anfitriona luego de que las cosas no resultaron con la familia anterior. Era justo antes de Shavuot. Le pregunté a mi esposo si estábamos dispuestos a tener a otro converso y me respondió que no podríamos negarnos, ya que llamaron justo antes de Shavuot. Porque justo para esa fiesta es cuando leemos el libro de Ruth, que también fue, por supuesto, una convertida».

Entonces ustedes no dijeron «no».
«Exacto. No habían pasado tres días cuando invitamos a este joven a que participara con nosotros en la fiesta. Llegó y resulta que él ya conocía bastante. Con una personalidad bien amena, los chicos se llevaron muy bien con él. Después conocimos a su novia judía. Ella es maravillosa, una chica muy amable. Formamos un lazo bien fuerte. Inclusive, todavía tenemos un grupo activo en WhatsApp con ellos».

¿El proceso de él fue sin ningún problema?
«En realidad, no. Fue bien difícil. Nos preocupaba que no pasaría la audiencia en el tribunal rabínico de conversión. Fuimos con él al tribunal en Haifa. Antes de que él iniciara con el proceso de conversión, había tenido una vida muy turbulenta, tanto en su niñez como en su vida de adulto, así que los jueces rabínicos estaban preocupados. No estaban seguros acerca del joven y trataron de que el examen para él fuera bien profundo. Querían estar convencidos de que él quería convertirse sinceramente».

¿Pasó el joven al final?
«Sí. Los jueces rabínicos lo aprobaron con la condición de que nosotros lo ayudaríamos por otros seis meses. Pues como igual nos mantenemos en contacto, no fue una imposición. Al final, logró la meta y estuvimos encantadísimos de asistir a la boda de él y su novia. Un par de amigos de nuestra comunidad, a quienes les conmovió la historia, los invitaron en su casa para darles una cena Sheva Brachot tradicional, igual como hacemos generalmente para todos nuestros hijos e hijas que se casan en la comunidad».

¿Les recomendarían a otras familias a que también sean familias anfitrionas?
«Absolutamente. Cada persona es un mundo en particular. Sabiendo que ayudamos a dos conversos a unirse al pueblo judío es inmensamente gratificante. Quien sea que de su tiempo como voluntario para esta misión importante será bendecido».

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