Historias de exalumnos:
Programa Civil

מריה מדורה
Maria Medora (Foto: Edward Kaprov)

El hecho que soy judía nunca fue un secreto o algo que se me ocultó en mi niñez», dice María Medora (31 años), una radiotecnóloga en el hospital Laniado en Netanya. «Yo sabía que mi padre era judío, se me consideraba judía en Kazajistán, pero como mi madre no era judía, en Israel no se me consideraba ser judía.

María se mudó a Israel con su familia cuando tenía siete años.
«Después del colapso de la Unión Soviética, mis padres vivieron mucha inestabilidad en Kazajistán y temían lo que podría suceder. Había mucho crimen en las calles y era un ambiente de caos total», cuenta Maria. «Mi tío ya estaba en Israel para entonces y les decía a mis padres cuán bueno era vivir en Israel, cuántas oportunidades había allí y cómo uno podía verdaderamente criar e invertir en sus hijos. Con esa información, mis padres se mudaron a Israel con sus tres hijos y los padres de mi papá. Después de varios años en Netanya, toda la familia se mudó a Hadera, donde vivimos todavía».

¿Cómo reaccionó su familia cuando se dieron cuenta que usted quería tomar un paso adelante en el judaísmo?
«Mi padre no es un hombre de muchas palabras, pero la mirada en sus ojos cuando yo comencé con el proceso me lo dijo todo. Yo sabía que él estaba muy feliz que yo había elegido este camino, sin que tuviera que decir una tan sola palabra acerca del tema. Por el lado de mi madre, era un poco más complicado. Ella me seguía diciendo que yo debería estar orgullosa de quién soy y de mi religión. Ella sabía que yo tenía una conexión con D-os y comprendió que yo deseaba tener una relación más cerca con Él. A la misma vez, ella me dijo que la religión no es algo uno puede cambiar cada día. Es un compromiso de por vida que se lo pasaré a mis hijos, así que tengo que estar completamente y de todo corazón seguro acerca de la conversión. Ella me habló de cómo los judíos siempre, a través de las edades, han sido perseguidos y han enfrentado innumerables desafíos, y ella dijo: «Si tienes dudas, no lo hagas por ti o por las personas que representarás»».

Maria tomó el primer curso de Nativ cuando todavía estaba haciendo el servicio militar.
«Mi comandante me sugirió este programa, y yo de primera lo consideré como una oportunidad para cambiar mi rutina y conocer más amigos. De niña, fui a una escuela religiosa, así que ya sabía un poquito acerca de la Torá y los mandamientos, pero todavía sentía que la clase me enseñó mucho más y fortaleció mi conexión con D-os».
«Toda la idea de la conversión era confusa para mí», admite Maria. «Por una parte, sentía que yo ya era una ciudadana e igual que cualquier otro ciudadano de Israel. Pero a la vez, algo despertó dentro de mí. Aunque al proceso lo tomé muy en serio, cuando me presenté ante el tribunal rabínico de conversión y me preguntaron si estaba aceptando la responsabilidad de cumplir los mandamientos, dije que no estaba en paz. Me llevó otros cuatro años antes de que me encontrara lista para presentarme ante el tribunal otra vez, pero aun así, no pasé. Decidí que debía poner distancia entre mí y todo el tema de la conversión y religión, y tomarme un descanso. Viajé, estudié y me mudé a Tel Aviv. Me conocí mejor y entendí lo que en realidad me importaba».

«Al final, decidí intentarlo otra vez y regresé a Nativ. Me encontré con un equipo considerado, y con un instructor inclusivo, comprometido y atento que logró ayudar a que la clase venciera los desafíos que enfrentábamos, y nos preparó de la mejor forma posible. Sentí que el curso de Nativ expandió y reforzó mis conocimientos, sumando nuevas dimensiones a todo lo que yo ya conocía. El resultado de este magnífico proceso llegó el 6 de marzo de 2018 cuando me presenté ante el tribunal rabínico, pasé la audiencia y me uní oficialmente a la religión judía. Comencé mi viaje en el judaísmo mientras estaba en el ejército y, finalmente, llegué a mi destino 13 años después».

¿Qué es lo más valioso que aprendió del curso de Nativ?
«Nativ me ayudó a aprender a cómo dar sin esperar nada a cambio. Esta es una las mejores cosas para mí. Durante el año de estudio, sentí que daba de mí a la clase y a otros estudiantes, contribuyendo a mi conocimiento sin desear reconocimiento o apreciación. Para mí, como judía y como ser humano, el dar se ha convertido en una mis prioridades principales. No tengo duda que los amigos que hice en Nativ serán amigos de por vida. Mi padre falleció hace seis años, y mis amigos de Nativ me ayudaron, apoyaron y me cuidaron, todos a su manera, como mejor podían. Era increíble saber que estaba siendo aceptada por estas mujeres. Valoro de verdad mis amistad con ellas y planeo cuidarla bien».

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